Han pasado ya un par de meses desde que cambié de trabajo y debo tener una vida muy simple porque ha sido una de las decisiones más difíciles de los últimos años para mí. Es cierto que me ha pillado en un momento personal con noticias buenas y malas a mi alrededor, pero la decisión estaba tomada hace años en realidad.

Podría contar detalles sobre lo que me pasaba por la cabeza los meses previos, antes de dar el paso y cambiar el que para muchos ingenieros informáticos sería el trabajo de sus sueños:

Un trabajo en una empresa que te respeta, que te valora y que te permite desarrollarte profesionalmente al 200%, vivir experiencias únicas (no es una frase hecha) y que nunca más se van a repetir.

Y digo “empresa”, pero una empresa no es más que la suma de todas las personas que hacen que funcione. Ahora volved a leer el párrafo anterior y entenderéis de lo que estoy hablando.

Podría decir cosas buenas de todos y cada uno de mis ex-compañeros, del primero al último, podría hablar de lo bien que me lo he pasado trabajando durante nueve años (aunque a muchos les suene a utopía, divertirse trabajando), de todo lo que he aprendido y de todo lo que me han enseñado (porque sí, yo una vez también fui el becario que no sabía nada).

Podría hablar de la cantidad de gente brillante que ha pasado y sigue allí, de la que me he ido llevando pedacitos que hacen que sea lo que soy ahora, alguien con inquietudes, motivación y ganas interminables de seguir mejorando. Porque es lo que tiene trabajar con gente brillante, que cada día intentas mejorar para llegar a ser como ellos (y no hablo sólo de la parte técnica).

Y en eso estoy. Cambiar es difícil y bueno a partes iguales.

En fin, que sigo siendo igual de callado que siempre como para decir ciertas cosas fuera de una pantalla, pero resumiendo, GRACIAS.

Seguid petándolo como siempre 🙂

(Y comentad que luego bien que leéis todo lo que escribo por aquí)