Burnout – Pregúntate esto si estás quemado en tu trabajo. Han pasado seis meses desde que cambié de trabajo y es hora de poner algunas cosas sobre la mesa: Estaba quemado en mi anterior trabajo.
Algunos lo llaman estrés laboral, síndrome de burnout o síndrome de desgaste laboral. Da igual, hoy voy a contar mi experiencia, para cerrar una etapa y explicar algo que me dejó muy roto.
Y de paso, como siempre, por si le sirve a alguien en una situación similar.
Hace 3 años…
Hace ahora 3 años y medio escribí esto.
Cualquiera lo leería y pensaría: “Joder, qué suerte. Este tío tiene un trabajo que le encanta y sabe valorarlo“.
[De hecho, sé de gente que lo leyó y vino a trabajar con nosotros. Por si estáis leyendo esto y a pesar de lo que estoy contando, no os equivocastéis, estáis en el lugar correcto.]
Lo cierto es que cuando lo escribí ya estaba quemado, lo sabía, pero no quería reconocerlo. Me esforcé en buscar las cosas positivas que me habían pasado, a pesar de que para mí casi todo era negativo.
Hice eso como tantas otras cosas. Desde auto-convencerme de que no pasaba nada, pasando por analizar las cosas que no me gustaban y cómo cambiarlas, hasta estupideces como ponerme a estudiar un máster, para ver si “se me pasaba“.
Pero estaba quemado.
Sí, eso fue hace 3 años y medio, y hasta hace 6 meses no he cambiado de trabajo. Haced las cuentas.
¿El síndrome de burnout afectó al trabajo que hacía?
En realidad no. Trabajaba como el que más, ayudaba a mis compañeros como el que más y sacaba proyectos adelante como el que más.
Tenía lo que para muchos sería un buen trabajo, estable, con el sueldo que me merecía. Siempre me he sentido valorado y respetado por todo el mundo.
Sé lo que es estar quemado, me sé la teoría y la práctica, porque seguro que todos habréis leído mil sitios dónde explican causas, motivos y motivaciones del estrés laboral o síndrome de burnout. Y sino, da igual, ni las leáis.
Yo estaba en un estado raro de inacción, donde hacía mi trabajo y al llegar a casa me convertía en un auténtico pozo de mierda.
Entre que soy una persona introvertida (excepto con mi pareja) y soy informático, tiendo a sobre-analizar todo lo que me pasa.
Y así, entre pensar los porqués, el cómo cambiar las cosas, cómo cambiar yo, auto-engañarme, conformarme, dar la turra en casa todos los días con mis “problemas” y buscar soluciones, pasaron tres años.
Tomar la decisión
Después de 3 años, yo ya había renunciado a muchas cosas y estaba en una especie de bucle. Quejándome por todo, pero sin hacer nada. Por renunciar, había renunciado a buscar un nuevo trabajo.
Hasta que en diciembre apareció alguien que aprecio mucho, para echar una mano. Gracias.
No es fácil tomar la decisión, ni lo es someterse a un “proceso de selección” que se alarga tres meses mientras sigues “en el bucle“. No es fácil, sentarte delante de alguien que sabes que te valora y entre lágrimas decirle que no puedes más, que te tienes que ir.
Y cuando ya creías que habías tomado la decisión todavía te lo piensas. Piensas en que no estás tan mal, en que “te gusta lo que haces” o incluso en que las cosas pueden cambiar. Incluso tienes hasta un poco de miedo.
Hasta que es ella, la persona que más quieres en el mundo, la que te deja roto.
“¿Eres feliz?”
En serio, pregúntate esto si estás quemado en tu trabajo, sólo hay dos respuestas. Sin excusas. Si la respuesta es no, vete.
He tenido y tengo compañeros de trabajo que están “quemados“. He pasado por ahí y sé cómo funciona. No es sano y no es fácil darse cuenta uno mismo, por más que tengas a alguien a tu lado apoyándote cada día.
Y no nos engañemos, uno no pasa de estar quemado en un trabajo a estar de puta madre en su siguiente trabajo. El cambio es duro, aunque en mi caso se ha dado en unas condiciones que me han facilitado las cosas.
Terminé un viernes de trabajar en Valencia y ese mismo domingo estaba en Madrid, dos semanas currando en las mejores oficinas de España y 10 días currando y visitando Nueva York.
Deshacerte de tu “mochila” ayuda. Conocer a gente nueva y cambiar de ambiente es de lo que más ayuda. No hace falta que les cuentes tus problemas, pero de verdad que te abre la mente ver lo que hay por ahí afuera. Por si fuera poco, he tenido la suerte de caer en medio de un grupo de gente excepcional en lo laboral y lo personal.
Sigo haciendo mi trabajo lo mejor que sé y cada día cuando me levanto, mi respuesta es sí.
Por cierto, lo llaman inteligencia emocional. No todo en la vida va de resolver problemas con ordenadores.