Experiencias desastrosas en lo rural con Airbnb. He escrito en el blog mucho sobre las bondades de viajar con Airbnb pero hoy me he despertado por la mañana recordando el peor viaje que hemos hecho en los últimos años.
De hecho cada vez que lo recordamos nos reímos mucho. Fue tan catastrófico que recordándolo ahora tiene su gracia (de hecho en su momento, también la tuvo). He pensado que merece la pena contarlo con detalle, así que ahí voy.
Planeando nuestras vacaciones
En verano de 2016, Laura, Maya, Bruce y yo fuimos de viaje a Asturias. Encontramos una casa en medio de la nada, que de hecho tuvimos que reservar 6 meses antes de verano para hacernos con ella y se ha convertido en uno de nuestros sitios favoritos.
Por aquí abajo, dejo una foto random de nuestras vacaciones allí, pero hay algunas más aquí.
Además de aquella casa que nos encantó, como nos “sobraban” días de vacaciones, decidimos pasar 4 noches más en otro pueblo cercano, en una casa rural de Airbnb que parecía que no estaba mal. Se ve que cuando la alquilamos pasamos un proceso de enajenación mental transitoria porque lo que nos encontramos allí nunca lo olvidaremos.
El recibimiento
Bien, situémonos el día en el que después de haber estado una semana en una casa de ensueño, tenemos que trasladarnos hacia la casa rural que comento. Salimos de la primera casa en dirección a la segunda un día por la mañana. El trayecto era corto, menos de 30 minutos en coche.
Habíamos quedado con la dueña en su tienda de muebles, en una pequeña aldea. Llegamos al pueblo y rápidamente vimos la tienda de muebles. Hasta ahí todo de lujo.
Aún sin bajar del coche, un bulldog francés salió de la tienda a toda leche, se acercó a nuestro coche y vio a Maya por el cristal. Se puso a dos patas contra la puerta del coche y empezó a rascar y a ladrar como si se acabara el mundo.
Los 3 segundos que tardé en bajar del coche y mandar al perro a tomar por culo fueron suficientes para que nos destrozara la pintura de la puerta.
Nos había dejado toda la puerta llena de arañazos que no se van a ir nunca más.
Como buenos amantes de los animales pensamos: “bueno no pasa nada, son unas rayitas en el coche…. Maya también ha hecho sus maldades alguna vez. Vamos a disfrutar de nuestras vacaciones”
Así que, fuimos hacia la puerta de la tienda. Allí nos recibió la dueña de la casa rural (una señora) y su madre (una anciana) y nos invitaron a entrar.
La “tienda de muebles“
Aquello era un Milar, que yo tenía entendido que eran tiendas de electrodomésticos, pero no.
Parecía la mansión de una persona con síndrome de diógenes. No había visto tanta mierda junta desde que tuve que vaciar un piso de un señor que estuvo recogiendo basura y trastos de la calle durante 20 años.
Brutal. Entre todos los trastos, había un mínimo pasillo para llegar al mostrador. Que ahora que lo pienso, no sé para qué nos hicieron entrar. Para asustarnos…
Tengo que decir que el impacto fue tan grande que no hicimos el más mínimo intento por socializarnos. En mí es normal, pero en Laura que se pasa las noches hablando mientras duerme, ya es extraño.
Las dos señoras muy amables intentando entablar conversación. Diciendo que “hace 50 años iban a la feria del mueble de Valencia a comprar género” y nosotros con la cara de póker.
En fin, es difícil describirlo.
El regalo de bienvenida
Para culminar la jugada, la madre, nos dice: “esperad que tengo una cosa para vosotros“.
Fue por la tienda apartando trastos viejos y basura, hasta llegar a una estantería que tenía mugre y fósiles de los primeros dinosaurios, cogió dos tazas llenas de mierda, envueltas en un plástico, con un lazo y nos dijo: “¿Cuál os gusta más?”
Yo al principio, pensé que era una pregunta trampa e iba a decir: “ninguna“. Pero Laura se me adelantó y eligió la que NO tenía un dibujo de la virgen. Pues bien, resulta que era un regalo de bienvenida…
Aún tenemos la taza.
La rampa
Bueno, después de ese primer mini-trauma (el de la tienda de electrodomésticos/muebles/estercolero), la mujer nos dijo que nos guiaría hasta la casa rural. Que ella iría delante con su coche y que la siguiéramos. Nos advirtió que había que coger un desvío y a la entrada “del pueblo” había una pequeña rampa de subida.
Yo que estaba alerta, entendí perfectamente a lo que se refería con “pequeña rampa” y le dije a Laura que condujera ella.
Bueno, en 10 minutos llegamos al desvío, y nos vemos una rampa con un desnivel del 40% de la cual no se veía el final, con un ancho de uno coma dos metros y un acantilado a la derecha.
Aquí debajo dejo una foto del lugar. La foto es real.
La mujer llegó al desvío y empezó a subir la rampa a toda leche con un Nissan Micra que cabía justo, dejando media rueda en el aire.
Esta foto no es real, pero os hacéis una idea.
Laura y yo llegamos al inicio de la rampa y necesitamos nuestro tiempo para mentalizarnos. No era el tipo de rampa que subes todos los días con el coche.
El caso es que empezamos la subida y conforme íbamos subiendo yo pensaba: “esta rampa sólo la voy a bajar para irme a mi puta casa”
Llegamos a la “cima” y nos encontramos con varias opciones:
- Despegar. Ya puestos con la pendiente y la velocidad, parecía que nos íbamos en “cobete”
- Continuar con la bajada del Dragon Khan
- Seguir el camino con un giro a la izquierda.
Realmente se podía hacer un giro leve a la izquierda o un giro de 165 grados a la izquierda.
Como no teníamos suficiente oxígeno en el cerebro para pensar con claridad en ese momento, decidimos optar por lo fácil: giro ligero a la izquierda. La mujer del Micra, hacía 3 cuartos de hora que había llegado arriba y la habíamos perdido de vista, así que estábamos desorientados.
Obviamente, la opción buena no era la fácil, sino que había que tomar una curva cerrada en pendiente para llegar a la casa. Laura tuvo que hacer gala de sus dotes de piloto de caza y hacer maniobras para meter el coche donde tocaba.
Se iban acumulando situaciones desastrosas.
La aldea
Dicen que la primera impresión es lo que cuenta, pues aquello no tenía ningún sentido. Eran 4 casas para turistas, pero había más coches allí aparcados que en la M30 circulando.
Sinceramente, por la descripción del anuncio nosotros pensábamos que era un sitio idílico, pero por la cantidad de mugre que había allí, parecía más un refugio de indigentes.
Bueno, aparcamos el coche como pudimos. Y lo único que se oía eran perros ladrando a saco con los ojos inyectados en sangre. Perros que estaban atados a la puerta de una casa a 100 metros de la nuestra. El sitio prometía tranquilo…
Conforme bajamos del coche, llegaron unos “vecinos”: señores franceses y sin camiseta, con unas tetas como para dar de mamar a una camada de terneros. Planazo.
Una fuerza extraña
Haciendo gala de nuestro optimismo pensamos: “Seguro que la casa es una pasada. Al menos podremos estar tranquilos y descansar.” De hecho, vimos la casa por fuera y estaba chula.
Foto real del sitio abajo.
La señora abrió la puerta de la casa rural y fue entrando. Conforme metía medio cuerpo, su cuerpo se iba desvaneciendo en la oscuridad más profunda y dijo: “esperad que voy a encender la luz“.
Encendió la luz y era un puta lámpara con bombillas de 1W en el techo. Creedme cuando digo que se veía más con la luz apagada.
Foto real abajo.
En fin, yo estaba mirando a Laura todo el rato porque tengo que reconocer que internamente me estaba partiendo el culo. Yo estoy acostumbrado a dormir en el suelo, en un polideportivo con olores a pies y ropa sucia cuatro días, pero ella no.
El caso es que teníamos que entrar en la casa, pero había una fuerza extraña que no nos lo permitía. En aquel momento no me di cuenta, pero luego entendí que era el olor a mierda tan intenso que emanaba de allí dentro.
Es difícil de describir, pero imagínate que tiras 50 kilos de calzoncillos sudados en una habitación, la cierras herméticamente y la abres 3 meses más tarde para tus inquilinos. No sé si me explico.
El regalo de Maya
Bueno entramos allí como pudimos y lo primero que hizo Maya fue entrar corriendo y cagarse en medio del “salón”. Un buen truño de los que hacen historia.
Hay que decir que Maya llevaba 5 minutos suelta por los alrededores de la casa, en los que había piedras y hierba donde tranquilamente podía haber cagado.
Pero no, decidió entrar dentro a cagar porque ella entendió que era ahí donde debía hacerlo. Es decir, comparó la calle y la casa y su instinto le dijo que la casa se parecía más al sitio donde suele cagar.
La casa rural
Bien la dueña empezó a enseñarnos la casa, pero desde el instante en que entramos a la casa hasta que se fue, tengo lagunas. Creo que sufrí algún tipo de trastorno, lo recuerdo todo borroso con el típico pitido de cuando tiran una bomba cerca de ti y pierdes el conocimiento.
Vamos que no recuerdo nada de su explicación, porque en lo que estaba pensando era en si nos daba tiempo a llegar a casa (a Valencia) para cenar o tendríamos que pasar la noche allí y arriesgarnos a morir de una sepsis.
En fin, paso a describir la casa.
Era una casa de dos plantas. La planta inferior era una cuadra (literalmente) de 20 metros cuadrados, sin luz y sin ningún tipo de ventilación, con un olor a culo sucio que tiraba para atrás. La decoración era exquisita, todo muebles podridos de su tienda.
Como es difícil explicar el olor en un texto, tengo un documento gráfico de mi cara que adjunto (foto real del lugar):
Como detalles curiosos, recuerdo la decoración con flores de plástico en las que habían crecido ecosistemas en forma de ácaros del tamaño de una pelota de ping pong.
El sofá tenía un lefazo (o diarrea no sé) justo donde tienes que apoyar los brazos y el nivel de comodidad era el de la gravilla de la playa cuando se te clava en el culo.
La lámpara con 6 bombillas, 3 fundidas y una potencia total de 3W, estaba a una altura de 1.5 metros, con lo cual me di en la cabeza más de una vez. Había un aparador que al intentarlo abrir se me quedó la mano pegada.
Foto real.
La ubicación del sofá y la TV era exquisita y favorecía el feng-shui. Para ver la tele, te sentabas en el sofá, y tenías que hacer un giro de cuello de 90 grados. Muy cómodo.
Otra vez foto real. Muy cómoda la distribución.
Luego estaba la cocina, que era zona protegida de interés natural. No me pude acercar a menos de 1 metro, por peligro de intoxicación biológica.
Bueno, eso la primera planta que en teoría es donde más tiempo sueles pasar…
En el piso superior, había un baño con ducha en el que me negué a acercar mi culo y luego la habitación, que todo hay que decirlo no estaba mal. Mención especial al juego de sabanas/colcha. Arriba sí que había unas ventanas por las que entraba un resquicio de luz.
Maya y Bruce
Y ahora pensaréis: ¡qué exagerado! Seguro que no fue para tanto.
Un detalle para saber si una casa es habitable o no, consiste en ver como se comportan nuestros animales. Como he comentado al principio íbamos con Maya y Bruce.
De Maya ya he dicho que se cagó. No hace falta decir nada más.
Respecto a Bruce, tuvo que recibir tratamiento psiquiátrico.
Tenía una cara como cuando eres un niño de 10 años (que ya tiene cierta consciencia), estás durmiendo en tu casa por la noche, con tus padres y tu hermana de 5 años y entran unos ladrones, matan a toda tu familia mientras tú estás escondido debajo de la cama y finalmente pasas la noche con los brazos abrazando tus rodillas en un rincón oscuro de tu habitación.
Estuvo todo el tiempo sin comer, beber y debajo de la cama, del asco (xD).
¿Cómo acabo todo?
Pues muy fácil.
Podíamos habernos quedado allí, haber disfrutado del olor a ojete, los perros ladrando todo el día y los vecinos semi-desnudos comiendo a 5 metros.
Podíamos haber hecho planes y salir con el coche, por la rampa que no cabía el coche, a visitar sitios y sólo volver para dormir (con mascarilla).
Pero no, al final hicimos lo que cualquier persona normal hubiera hecho. Recoger todo, e irnos, poniendo como excusa que habían asesinado a nuestras familias y nos teníamos que ir urgentemente.
Eso sí, al final pasamos una noche entera allí porque entre la visita a la tienda, la subida de la rampa, el tour por la casa rural y toda la pesca, se nos había hecho tarde y no nos apetecía hacernos las 8 horas de coche del tirón.
Tengo que decir que pagamos las 4 noches, porque en el fondo somos buenas personas :P. Y aunque nos ofrecieron que volviéramos “gratis” otra vez (por la excusa que pusimos), obviamente es algo que no va a pasar.
Un día para no olvidar 🙂
Y ahora un comentario serio. La casa rural no estaba tan mal, lo chungo fue el cambio de un sitio idílico a un sitio “regular“. Dentro de lo que cabe la dueña fue muy amable y entendemos que su manera de gestionar la casa rural es con la mejor intención y dentro de sus posibilidades. Tampoco quiero hundirle el negocio a nadie 🙂 (pero era una puta mierda)